Pocos movimientos en el mercado de fichajes ha generado tantos elogios como el que realizó el pasado verano el Swansea galés con la contratación de Miguel Pérez ‘Michu’. Por aquel entonces este ovetense de 26 años acababa de disputar su primera temporada en la máxima categoría del fútbol español.
Marcó 15 goles en liga, pero jugaba en el Rayo Vallecano. Es decir, en Europa era un perfecto desconocido. En el lenguaje de los directores deportivos, Michu ni era muy joven, ni tenía suficiente experiencia en Primera, ni había jugado en un grande y ni siquiera daba que hablar fuera del campo. O sea, tenía todos los ingredientes necesarios para ganarse la vida con el fútbol pero lejos de los focos reservados para las estrellas. Por ello, ninguno de los grandes de España fueron a por él.
Su lugar estaba reservado más al norte, con mucho más frío. En una ciudad de 240.000 habitantes al sur de Gales llamada Swansea. Su equipo venía de practicar un fútbol de toque que enamoró a la Premier League de la mano de Brendan Rodgers y para seguir su estela (él fichó por el Liverpool) contrataron a Michael Laudrup. El danés demostró tener tan buen gusto para fichar como para dar ese mágico último pase mirando al tendido que tanto se le recuerda.
Y se fijó en Michu. Debió pensar: "es barato, completo y, por su físico, encaja en la liga". No pudo decidir mejor. El Swansea se gastó una cantidad que ahora suena ridícula en su contratación, 2,5 millones de euros.
Michu costó, por ejemplo, 20 veces menos que lo que supuso Torres al Chelsea. Desde su fichaje, sus cifras las conoce el planeta entero. 16 goles en 28 partidos que han llegado a su equipo a estar en mitad de la tabla y a la final de la Capital One (eliminaron este 23 de enero al Chelsea en semifinales).
Sus datos pero, sobre todo, su juego han llevado al Swansea a blindar a su mejor elemento extendiéndole el contrato hasta 2016 y elevando su cláusula y su salario. Y es que todo apunta a que, de seguir así, a final de temporada llegarán muchos millones de libras a la puerta del Liberty Stadium para llevarse al asturiano.
Pero lejos de sus datos, lo que más llama la atención de Michu en su día a día en la Premier no es que meta goles. Es cómo lo consigue. A diferencia de sus rivales en la lucha por el pichichi (Van Persie, Suárez o Ba), el español no juega como delantero. Su posición habitual es la de mediapunta, jugando detrás del '9', que normalmente es Graham. Además, su estilo de juego le convierte, por momentos, en organizador en el centro del campo.
De esta forma, es muy frecuente ver a Michu viniendo a recibir casi a la altura de los centrales para distribuir. Luego, se vale de su calidad y su potencia para aparecer por sorpresa desde segunda línea, siendo muy difícil de marcar. Si a eso unimos su zancada y su gran remate de cabeza, el éxito parece inevitable. Algo que veía obvio Laudrup, pero que pasaron por alto tanto directores deportivos de chaqueta y corbata. Nuevamente, el diez danés vio el desmarque antes que nadie.
Su mano girando junto a la oreja tras marcar ya es un clásico en Inglaterra. Los niños le imitan, muchos sin saber de dónde viene ese gesto. Y tratándose de Michu, hasta su celebración debía tener un origen humilde. En los playoffs de ascenso a Primera en la temporada 2010/11, Michu falló el penalti decisivo con el Celta en la tanda ante el Granada. Al año siguiente, llegó a Los Cármenes con el Rayo, con el público retándole: “Michu tira un penalti”. Y en el minuto 26 de aquella tarde del 14 de enero, el asturiano marcó a pase de Trashorras. Harto de los gritos se llevó la mano al oído mirando a la grada. Este año exportó la imagen a las islas y el producto está arrasando.
Barato, polivalente, goleador, humilde y con posibilidad de hacer negocio con él, lo que todo club busca en tiempo de crisis en el mercado. El jugador perfecto para el siglo XXI.

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